Qué es el neuromarketing, qué mide y cuáles son sus límites

Qué es el neuromarketing y qué miden el EEG, la resonancia, el seguimiento ocular y la actividad electrodérmica. Métodos, evidencia y límites.

Modelo anatómico de un cerebro humano
Fotografía ilustrativa de Robina Weermeijer / Unsplash. No corresponde a los experimentos citados.

Revisado el 13 de septiembre de 2026 · 6 min de lectura

Entender una decisión empieza por hacer una buena pregunta

Una persona mira un anuncio durante varios segundos. ¿Le interesa, le sorprende o no entiende lo que está viendo? Otra afirma que le gusta un producto y después no lo compra. Entre observar una respuesta y explicar una decisión hay un recorrido que requiere investigación.

El neuromarketing busca aplicar conocimientos y métodos de la neurociencia a preguntas de marketing. Se relaciona con la psicología del consumidor, la investigación de mercados y el análisis de datos, pero no engloba todo lo que hacen esas disciplinas. Una encuesta, un experimento de precios o un análisis de ventas pueden ser útiles sin medir actividad cerebral.

La calidad de una investigación depende de la pregunta, el diseño y la interpretación de los datos. Añadir el prefijo «neuro» o una imagen de un cerebro no resuelve ninguno de esos pasos.

Qué puede aportar estudiar las respuestas del consumidor

La neurociencia del consumidor estudia procesos relacionados con la valoración, la atención y la decisión, entre otros. El término «neuromarketing» suele utilizarse para sus aplicaciones comerciales, aunque el uso de ambas etiquetas no siempre es uniforme. La revisión de Plassmann y colaboradores analiza aplicaciones, dificultades y soluciones para conectar esta investigación con preguntas de marketing. Plassmann et al., 2015.

Una de las posibilidades es complementar lo que una persona dice con otras medidas de su respuesta. Eso no significa que un aparato revele automáticamente la verdad y una entrevista no sirva. Cada método contesta preguntas distintas y tiene limitaciones. Si quieres saber por qué alguien no encuentra una condición de entrega, observar cómo utiliza la página y preguntarle puede ser un buen punto de partida.

Las herramientas no miden todas lo mismo

Para leer un informe conviene saber qué se ha registrado realmente. Estas son distinciones básicas, coherentes con las revisiones metodológicas del campo:

  • Electroencefalografía, o EEG: registra diferencias de potencial eléctrico mediante electrodos situados en el cuero cabelludo. Ofrece información temporal muy precisa, pero la interpretación de los procesos que originan una señal requiere un diseño adecuado.
  • Resonancia magnética funcional, o fMRI: suele utilizar cambios relacionados con la oxigenación de la sangre como señal indirecta asociada a la actividad neuronal. No es una grabación literal de pensamientos.
  • Seguimiento ocular, o eye tracking: estima dónde se dirige la mirada y durante cuánto tiempo. No mide directamente la actividad cerebral y no demuestra, por sí solo, que algo guste o se comprenda.
  • Actividad electrodérmica: registra cambios en la conductancia de la piel asociados a la activación fisiológica. Una mayor respuesta no identifica automáticamente una emoción concreta.

Estas medidas pueden combinarse con tareas de elección, entrevistas u observación. La combinación tiene sentido cuando ayuda a resolver una duda; acumular dispositivos sin una hipótesis clara no garantiza un resultado más informativo. Ariely y Berns, 2010; Plassmann et al., 2015.

Por qué una zona cerebral no equivale a una intención

Una confusión habitual consiste en razonar así: cierta región participa en algunos estudios sobre recompensa; esa región responde ante mi anuncio; por tanto, el participante desea comprar. El salto no está justificado solo con esas observaciones. Una región puede intervenir en más de un proceso.

Russell Poldrack analizó este problema, conocido como inferencia inversa. Su utilidad depende, entre otras cosas, de lo selectiva que sea la asociación entre una respuesta cerebral y el proceso que se intenta deducir. La recomendación metodológica es interpretar esas inferencias con cautela y con evidencia adicional. Poldrack, 2006.

En lenguaje cotidiano: ver actividad en una imagen no basta para saber qué significa. Un informe necesita explicar qué tarea realizaba la persona, con qué condición se comparó su respuesta y qué otras explicaciones son posibles. Si todo el argumento descansa en que «se iluminó una zona», faltan pasos importantes.

Un ejemplo: dos versiones de una ficha de producto

Imagina que una tienda quiere mejorar la comprensión de sus gastos de envío. Puede enseñar dos versiones de una ficha a personas del público al que se dirige y pedirles que calculen el coste total de un pedido. El resultado principal podría ser cuántas responden correctamente y qué dudas encuentran.

El seguimiento ocular podría añadir información sobre si miran la zona donde aparecen esos gastos. Aun así, mirar no equivale a entender. Por eso convendría relacionar el registro con la respuesta a la tarea. Este es un ejemplo hipotético de diseño de investigación: no describe un experimento realizado por Neuropatrons ni garantiza un aumento de ventas.

Si una versión obtiene mejores resultados, el siguiente paso sería comprobar su funcionamiento en condiciones de uso más realistas. Que un diseño facilite una tarea en una prueba no implica que haya mejorado ya toda la experiencia de compra. También puede haber problemas en el carrito, el pago o la entrega.

Qué preguntaría antes de contratar un estudio

Antes de valorar una propuesta, pediría una explicación comprensible de cinco aspectos:

  • Qué decisión del negocio pretende orientar y qué pregunta concreta investigará.
  • A quién se estudiará, cuántas personas participarán y por qué esa muestra resulta adecuada.
  • Qué variable se medirá, con qué comparación y qué resultado se consideraría relevante.
  • Cómo se evaluará si la medida aporta información adicional frente a métodos más sencillos.
  • Qué límites tendrá la conclusión y cómo se contrastará fuera de la prueba inicial.

Son criterios prácticos para evaluar una propuesta, no una escala de certificación. También conviene aclarar cómo se informa a los participantes, qué datos se recogen y cómo se gestionan. La persona que participa debe poder entender el estudio al que está dando su consentimiento.

El valor está en lo que ayuda a comprender

Ariely y Berns plantearon tanto las posibilidades como las expectativas exageradas de aplicar neuroimagen al marketing. Su revisión sirve como recordatorio de que la tecnología debe demostrar qué información aporta. No es un catálogo de precios ni una evaluación del estado actual de todas las herramientas comerciales. Ariely y Berns, 2010.

Para empezar un proyecto, suele ser útil ordenar primero las dudas sobre el consumidor. La plantilla de customer journey permite distinguir observaciones, hipótesis y oportunidades. A partir de ahí se elige el método que mejor responda a la pregunta. Ese orden hace que el neuromarketing sea una herramienta de investigación con un propósito concreto.

Bibliografía

  • Ariely, D. y Berns, G. S. (2010). Neuromarketing: The Hope and Hype of Neuroimaging in Business. Nature Reviews Neuroscience, 11(4), 284–292. DOI. Revisión crítica.
  • Plassmann, H., Venkatraman, V., Huettel, S. y Yoon, C. (2015). Consumer Neuroscience: Applications, Challenges, and Possible Solutions. Journal of Marketing Research, 52(4), 427–435. DOI. Revisión metodológica.
  • Poldrack, R. A. (2006). Can Cognitive Processes Be Inferred from Neuroimaging Data? Trends in Cognitive Sciences, 10(2), 59–63. DOI. Análisis metodológico de la inferencia inversa.

Sobre el autor

Soy Manuel. En Neuropatrons comparto mi interés por el neuromarketing y la psicología del consumidor, con estudios, ejemplos y una mirada crítica.

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