Cómo las emociones influyen en la toma de decisiones de compra

Cómo influyen las emociones en las decisiones de compra: estudios, una réplica reciente y aplicaciones prácticas que conviene poner a prueba.

Personas recorriendo un espacio comercial con escaparates
Fotografía ilustrativa de Heidi Fin / Unsplash. No corresponde a los experimentos citados.

Revisado el 13 de septiembre de 2026 · 5 min de lectura

Las emociones también entran en la tienda

Imagina que necesitas unas zapatillas. Comparas el precio, la suela y la talla, pero también te preguntas si te sentirás cómodo con ellas, si encajan contigo o si comprar en esa tienda te inspira confianza. No hay dos compradores dentro de tu cabeza, uno racional y otro emocional, peleándose por la tarjeta. Hay una decisión en la que intervienen necesidades, información, experiencias y sentimientos.

La investigación respalda que las emociones pueden influir en lo que valoramos y elegimos. Lo que no permite es asignarles un porcentaje universal de responsabilidad en cada compra. La revisión de Lerner y colaboradores explica, además, que esa influencia puede ayudarnos o perjudicarnos según la situación. Sentir algo no convierte una decisión en irracional por definición. Lerner et al., 2015.

Emociones relacionadas con la compra y emociones que traemos de fuera

Conviene distinguir dos situaciones. Una emoción puede nacer de la propia decisión: la ilusión de hacer un regalo o la preocupación por equivocarse de talla. También puede proceder de algo ajeno: una discusión, una buena noticia o un día agotador. En investigación se suele hablar de emociones integrales e incidentales, respectivamente. Esa distinción ayuda a entender por qué una misma persona puede valorar una oferta de forma distinta en momentos diferentes. Lerner et al., 2015.

Pensemos en una tienda de muebles. Una persona duda porque desconoce si el sofá cabrá por la escalera; otra duda porque no le gusta el estilo. Sería un error responder a ambas con el mismo anuncio emotivo. A la primera quizá le ayude una guía de medidas. La segunda necesita información diferente. Es un ejemplo de aplicación, no un resultado experimental sobre sofás: antes de intentar provocar una emoción, hay que entender el problema concreto.

Qué encontró un experimento sobre tristeza y precios

En 2004, Lerner, Small y Loewenstein estudiaron cómo emociones provocadas por una situación anterior podían trasladarse a decisiones económicas. Observaron patrones distintos para la tristeza y el asco: en sus condiciones experimentales, la tristeza redujo los precios de venta y aumentó los precios de elección, mientras que el asco redujo ambos. Había dinero real en juego. El hallazgo relevante era que dos emociones desagradables podían producir efectos diferentes, no que estar de mal humor tuviera una consecuencia única. Estudio original.

La historia no termina ahí. Una réplica prerregistrada publicada en 2023, con 403 participantes, encontró apoyo al aumento de los precios de elección asociado a la tristeza, pero no reprodujo el patrón esperado para el asco. Eso obliga a matizar cualquier regla general que se quiera extraer del trabajo inicial. Replicar consiste precisamente en comprobar cuánto se sostiene un resultado al estudiarlo de nuevo. Chaudhury y Garg, 2023.

Estos trabajos tampoco demuestran que una campaña triste aumente las ventas de una tienda. Una decisión sobre precios en un experimento y una compra cotidiana son situaciones diferentes. Para trasladar el resultado a una campaña habría que comprobar el efecto en ese producto, con ese público y en ese contexto. Tampoco sería una justificación para aprovecharse deliberadamente del malestar de alguien.

Conectar con el cliente empieza por escuchar

Para un pequeño negocio, una aplicación sensata es investigar qué siente y qué necesita la persona durante el recorrido de compra. Propongo empezar con preguntas sencillas: ¿qué te hizo buscar este producto?, ¿qué te costó entender?, ¿qué información te faltaba para decidir? Es mejor recoger sus palabras que asignarle una emoción a partir de un gesto o de que haya abandonado el carrito.

Después se pueden convertir esas respuestas en mejoras concretas:

  • Si aparecen dudas sobre el producto, revisar fotografías, medidas y explicaciones. Una imagen bonita puede acompañar, pero no sustituye a la información que falta.
  • Si la incertidumbre está en la entrega, mostrar plazos y condiciones antes del pago. Evitar sorpresas es un objetivo de diseño que puede medirse.
  • Si el cliente busca hacer un regalo, explicar opciones de presentación y cambios, sin dar por hecho que todas las personas valoran lo mismo.
  • Si hay frustración con el proceso, revisar los pasos que fallan antes de escribir mensajes más persuasivos.

Son propuestas de trabajo que conviene probar; no garantías de ventas. Puedes ordenar estas observaciones en la plantilla de customer journey, separando lo que ha dicho el cliente de lo que tú estás suponiendo.

Cómo comprobar si una mejora funciona

Supongamos que muchas consultas repiten una duda sobre tallas. La hipótesis podría ser: «Una guía más clara facilitará elegir la talla correcta». Eso es más preciso que «vamos a generar confianza». Permite elegir indicadores: consultas sobre tallaje, finalización de la compra y devoluciones por talla, por ejemplo.

Si comparas dos versiones, intenta mantener estables el precio y la promoción para que el resultado se pueda interpretar. Define antes qué vas a medir y evita celebrar una subida puntual de clics como si demostrase una mejora duradera. Con poco tráfico, unas entrevistas o pruebas de uso pueden resultar más útiles para detectar problemas que una prueba estadística sin datos suficientes. Esta es una propuesta metodológica para el negocio, no una conclusión de los experimentos citados.

Lo que merece la pena recordar

Las emociones forman parte de las decisiones, pero una etiqueta como «alegría» o «miedo» no predice por sí sola una compra. La evidencia invita a prestar atención al contexto y a las diferencias entre emociones; también muestra por qué es necesario revisar los resultados posteriores. Para una marca, la oportunidad está en comprender mejor la experiencia y comprobar sus hipótesis con respeto por el cliente.

Bibliografía

  • Lerner, J. S., Li, Y., Valdesolo, P. y Kassam, K. S. (2015). Emotion and Decision Making. Annual Review of Psychology, 66, 799–823. DOI. Revisión de la literatura.
  • Lerner, J. S., Small, D. A. y Loewenstein, G. (2004). Heart Strings and Purse Strings: Carryover Effects of Emotions on Economic Decisions. Psychological Science, 15(5), 337–341. DOI. Estudio experimental.
  • Chaudhury, S. H. y Garg, N. (2023). “Heart Strings and Purse Strings” Revisited: A Preregistered Replication and Extension. Journal of Experimental Psychology: General, 152(7), 1873–1886. DOI. Réplica y extensión prerregistrada.

Sobre el autor

Soy Manuel. En Neuropatrons comparto mi interés por el neuromarketing y la psicología del consumidor, con estudios, ejemplos y una mirada crítica.

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